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Rotten, la docu-serie para saber si tu comida apesta a fraude y sangre

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Sólo hacen falta 6 alimentos para darse cuenta que el sistema alimentario está podrido por dentro y por fuera

Marc Casanovas

18 Enero 2018 06:00

Imagina una linea telefónica para denunciar un crimen de manera 100% confidencial. Todo perfectamente programado para que el asesino no pueda acosarte. Sólo hay una condición: no vale notificar cualquier homicidio. Debe ser un crimen perpetrado contra tu nevera o tu despensa.

No imagines mucho más porque ya existe. Se llama Food Crime Confidential y es una invención de la Unidad de Nacional de Crímen Alimentario del gobierno británico. Algo así como un “Hola buenos días, llamo para denunciar un crimen. Alguien ha matado a mi comida”.

Suena extraño, pero este creciente interés por el fraude alimentario es el punto de partida de Rotten (Podredumbre en España), la nueva docu-serie de Netflix que ha generado más controversia en EE.UU. Basta la contundencia de 6 capítulos milimetrados para entender un axioma indiscutible: "la verdad es dífícil de tragar", tal y como dice la frase gancho del cartel promocional.

Pese a centrarse en problemas que afectan exclusivamente a ciudadanos norteamericanos, rápidamente uno se da cuenta que es algo mucho más global. La comida es un negocio millonario y allí donde se mueve el dinero, hay fraude. Cuando eres consciente que la comida que has comprado está manchado por el fraude, el robo, el crimen organizado y los delitos de sangre es inevitable sentir un sabor agrio y persistente en la garganta.

Porque seamos sinceros. Cualquier alimento con la etiqueta de “natural” o “ecológico” nos parece mejor sin que se tenga ninguna prueba de su supuesto valor añadido. Como las grandes marcas lo saben aquí está la clave de todo el tinglado: si los consumidores ya no pueden fiarse de lo que compran en el supermercado algo se rompe para siempre entre vendedor y comprador. Todos sabemos que la comida se pudre por un proceso natural. Lo que no sabíamos es que el sistema alimentario está podrido por dentro y por fuera.

Vamos a los 6 ejemplos.

El consumidor de ajo carga voluntariamente con el fuerte aliento que deja a posteriori. Es el peaje forzoso si se quiere disfrutar de su particular chispazo en la comida. Otra cosa muy diferente es ser cómplice de la explotación humana en las cárceles chinas si consumes dientes de ajo pelados.

Dientes de ajo manchados por la explotación

La miel es el producto más valorado del mercado actual. Poca gente sabe que el mayor fraude alimentario en EE.UU. fue el "Honeygate" con toneladas de miel falsa. Una pregunta simple descoloca a cualquier consumidor ingenuo: ¿cómo puede ser que cada vez se consuma más miel si la población de abejas ha disminuido drásticamente?

El cacahuete es el alimento que más alergias produce. Lo que mucha gente no sabe es que hay restaurantes que lo utilizan como sustituto barato de la almendra sin avisar al comensal. Algún día le soltaremos al cocinero un "gracias por no matarme" con la propina.

El consumo de carne de pollo se doblará en 2050. El problema es que durante muchos años la carne de pollo que se consumía a nivel global venía de la multinacional de los hermanos Batista. Dos brasileños que lograron con sobornos a funcionarios y maltrato laboral a sus trabajadores que todos comiéramos pollo bueno, bonito y barato.

La leche ya no es el gran negocio de antes. Los productores de leche buscan soluciones ante la crisis que se disparó con la guerra entre Rusia y Ucrania. La supuesta gallina de los huevos de oro es la leche cruda que trae milagros en forma de enfermedades infantiles.

Y por último el bacalao. Nadie comería pescado si supiera que se ha congelado hasta 6 veces antes de llegar al plato. La gente está pagando precios desorbitados cuando el bacalao salvaje ha muerto.

Bacalao en mares desiertos

Eso es lo bueno de Rotten; remueve las tripas del espectador y lo descoloca para que ponga en duda su compra diaria de alimentos.

Lo que es (muy) mejorable son las altas dosis de patriotismo y/o proteccionismo que desprende el esquema repetido de cada capítulo. Es decir, la historia siempre se inicia con un agricultor (mayoritariamente blanco) que hace las cosas bien tal y como dicta el romanticismo de su oficio. Lo siguiente es enseñar un ataque de algún país o criminal extranjero que pone en peligro a ese agricultor norteamericano. La terrible idea que todo el mundo hace mal las cosas menos el granjero o agricultor blanco de EE.UU no es buena para nadie. Y ese extraño aroma incómodo de “Make american food great again” queda entre capitulo y capitulo.

Del resto sólo se pueden decir cosas buenas porque saca a la luz pública conceptos tan importantes a estas alturas como el dumping. Es básico entender como consumidor que hay países que venden productos con precios bajísimos a una gran potencia con un solo objetivo: reventar el mercado local para hacerse con el monopolio del negocio. El dumping es el nuevo fraude encubierto que mueve muchos billetes marcados. Cada vez es más difícil de demostrar y hace muchísimo daño a la mayoría de agricultores y granjeros locales que miman las frutas y las verduras como si fueran sus hijos. Es un enemigo invisible que ataca sin dejar marcas.

Rotten es una prueba palpable del interés público creciente por conocer al detalle el origen de lo que comemos. Ya nadie está dispuesto a perdonar ni una y el sistema alimentario tiene que enterarse.

Ya no solo los vigilan leyes, fronteras o impuestos. Ahora millones de ojos desean comida real. Y no aceptan medias tintas porque la podedumbre es lo que tiene. No hace falta que ningún policía abra el maletero del coche porque huele a muerte a leguas de distancia.

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